Hera fue, probablemente, uno de esos animales víctima del cumpleaños de un niño. Era un animal que llamaba la atención: Una cobayita blanca completamente y con los ojos rojos.
El niño que la tuvo en primer lugar se cansó de ella tras tenerla un tiempo y decidió dársela a un amiguito del cole, quien la aceptó sin preguntar en casa. Cuándo la madre de dicho niño le vio aparecer con el jaulón y la cobaya, se enfadó y no quiso saber nada del bicho.
Pasó algo de tiempo y todo eran excusas para librarse del animal. Entonces comenzaron unas obras en el patio de la casa y decidieron sacar la jaula fuera con la intención de que el polvo que generaba el cemento consiguiese matarla. Sin embargo, no se moría.
Fue un fin de semana cuando decidieron que si no lograban deshacerse de ella el mismo lunes la tirarían al contenedor de la basura.
Dio la casualidad de que por aquellas fechas, era verano, y yo estaba cuidando a mis primos mientras sus padres trabajaban, por lo que entre semana vivía en su casa de Ciempozuelos, donde me había trasladado con mi cobaya Venus.
Ese fin de semana los dueños de Hera, que entonces se llamaba "Bolita de Nieve", fueron a cenar a casa de mis tíos porque eran amigos suyos. Cuando entraron al salón de la casa vieron a Venus en su jaula y comenzaron a relatar la historia de su cobaya y como iba a terminar.
Entonces mi tía ni corta ni perezosa agarró el teléfono el sábado a las tantas y me contó lo que ocurría. Lo meditamos en casa durante un segundo y, antes de colgar decidimos quedarnos con la pobre "Bolita de Nieve".
Así fue como el domingo, al llegar a su casa, la vi por primera vez. En la jaula tenía una zanahoria pocha porque ya no la compraban ni su comida. (He de decir que mis tíos la habían dado ya de la comida de Venus).
La cobaya era blanca, sin embargo estaba gris, llena de cemento. Así que intenté acercarme a ella y la cogí. Era muy asustadiza, no se dejaba coger y cuando lo hacías te mordía. Aún así preparamos un barreño con agua templada y la bañé. Parecía otra. Y como parecía otra y su nombre me parecía horrible, la rebauticé como "Hera", así ya tenía a dos diosas :)
Mi intención era juntar a las dos cobayas en una sola jaula más grande, pero intentaban morderse la una a la otra continuamente. Me costó un par de meses, pero al final lo conseguí.
Nunca supe la edad real de Hera, desde que la adopté solo vivió seis meses. En el veterinario me dijeron que estaba muy pequeña, que probablemente la habían destetado muy pronto y no había llevado una alimentación correcta.
En el tiempo que pasó en casa, donde todos los días tenia agua y comida y donde continuamente se la acariciaba y se la cogía y donde, por supuesto, tenía alguien con quien relacionarse (Venus), puesto que terminaron siendo inseparables, durmiendo juntas en su casita de madera, su carácter cambió, se fue volviendo cada vez más cariñosa. Cuando metías la mano en la jaula se acercaba y te la chupaba.
Y es que por mucho que creamos que los animales no se dan cuenta de cuando se les quiere, los animales saben perfectamente donde son bien recibidos.